Un movimiento sin límite de edad
Donostiako Piratak no entiende de edades, porque tampoco las entiende la fiesta. Su forma de organizarse busca que cualquier persona pueda participar de manera directa, repartiendo la responsabilidad entre muchas manos en lugar de concentrarla en pocas.
Las cofradías, la columna vertebral
La base del movimiento son las cofradías, más de diez desde 2012. Funcionan de forma parecida a las peñas de Pamplona o Baiona, o a las comparsas de Bilbao: cada una tiene su chaleco y su identidad propia, su gente y su forma de vivir las fiestas. Son el lugar donde se cuece el día a día del proyecto.
La Ontziola y las flamenkadas
Para coordinarse, las cofradías envían representantes a la Ontziola, el órgano donde se toman las decisiones ejecutivas y se marca el rumbo del movimiento. Por encima de ella están las flamenkadas, las asambleas que se celebran dos o tres veces al año y que reúnen a toda la gente activa: son el espacio soberano donde se debaten y aprueban las grandes decisiones.
Los lantaldeak, el músculo
Si las cofradías son la columna vertebral, los lantaldeak (grupos de trabajo) son el músculo. Se encargan de que todo funcione: producción, barras, comunicación, programación… Mucha gente participa a la vez en una cofradía y en un grupo de trabajo. Algunos solo se activan durante la Aste Nagusia pirata; otros trabajan los doce meses del año.
El voluntariado, el cimiento
Por debajo de todo está el voluntariado, el cimiento que sostiene el movimiento. Son las personas que echan una mano durante las fiestas y a lo largo del año, sin las cuales nada de esto sería posible.
Conoce ahora las doce cofradías una a una, o repasa cómo nació el movimiento.