Una señal que todos esperan
No hay forma más donostiarra de empezar las fiestas. El cañonazo es el pistoletazo de salida de una Semana Grande que cada año vive con más participación tanto la gente de la ciudad como quienes la visitan. Cuando suena, todo el mundo sabe que arrancan ocho días de fiesta sin descanso.
Desde 1993, la persona que encarna la figura del Artillero Mayor es la encargada de prender la mecha a las 19:00 horas del primer día, en los jardines de Alderdi Eder, a un paso del Ayuntamiento y de la bahía de La Concha. Ese disparo simbólico da comienzo oficialmente a la fiesta.
«Artillero, dale fuego»
El estruendo no llega solo. Antes del disparo se interpreta «Artillero, dale fuego», una canción popular que rescató del olvido el cantante Urko y que cada edición pone voz a un colectivo diferente de la ciudad. Es ya parte inseparable del ritual: la melodía calienta el ambiente y, al terminar, llega el cañonazo.
«Artillero, dale fuego, ezkontzen zaigula pastelero.
Eta zeñekin eta norekin, prasku mozkorraren alabakin.
Eta zeñekin eta norekin, opo zikiñaren alabakin.»
Cómo vivirlo
Para no perder detalle conviene llegar con tiempo: los jardines de Alderdi Eder y el entorno del Ayuntamiento se llenan mucho antes de las siete. Desde allí, el cañonazo abre una semana en la que la ciudad entera se vuelca con conciertos, fuegos artificiales sobre la bahía, gigantes y cabezudos, dantzas y propuestas para todas las edades.
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