Por qué merece la pena
- Culto a la conserva del Cantábrico: gran variedad de anchoas (del octavillo a la hansa o la platinum), bonito, ventresca, boquerones en vinagre y ahumados.
- Mucho más que conservas: marisco (percebes, nécora, pulpo a feira), fritos como las rabas, quesos cántabros y embutidos, con medias raciones para compartir.
- Buena relación calidad-precio (precio medio en torno a 20 €) y una bodega de medio centenar de referencias.
- Ambiente de taberna familiar y desencorsetado, en pleno epicentro del tapeo santanderino, perfecto para el vermú o la caña en fiestas.
Casi una década de tradición marinera
La Taberna Santoña nació en la calle Peña Herbosa en 2011, y desde 2015 la dirige Borja Fernández, que ha hecho de ella una referencia del picoteo santanderino. En noviembre de 2025 dio un salto importante: se trasladó a un local mucho más amplio —de unos 55 a 180 metros cuadrados, con terraza— en el espacio que ocupaba el recordado Patiochico, a un paso de la plaza de Cañadío.
El cambio le ha dado más sitio y más terraza, pero el estilo se mantiene intacto: una taberna de raciones para compartir, sin florituras, fiel a esos tres principios que Borja repite como un mantra —producto, calidad y precio—.
Conservas, marisco y sabor del Cantábrico
La carta gira en torno a una materia prima de primera, y el capítulo conservero se cuida con mimo: las anchoas de Santoña que dan nombre a la casa se ofrecen en varios formatos, junto a bonito, ventresca, sardinilla o boquerones. A su lado, ahumados, una amplia oferta de marisco —percebes al peso, nécora, navajas, pulpo del Cantábrico a feira—, fritos como las rabas o el bacalao, verduras de la huerta, embutidos y quesos cántabros.
Con medias raciones, buen precio y una bodega de medio centenar de vinos, es un plan de picoteo redondo para la Semana Grande. Abre a mediodía y por la noche y cierra los martes; no hace reservas, así que en fiestas conviene llegar con tiempo para pillar sitio en la terraza.