Una heladería artesanal fundada en 1958, hoy en su tercera generación familiar, célebre por sus sabores atrevidos de inspiración asturiana: fabada, Cabrales, sidra, arroz con leche o erizo de mar, junto a los clásicos.
La parada golosa perfecta paseando por Cimadevilla en pleno agosto, con un cucurucho diferente en la mano.